
Por: Daniel Tibaquirá Bermúdez
Termina otro gobierno y la carretera pavimentada hacia Puerto Carreño – Vichada, nada de nada. Quienes hemos tenido la oportunidad de conocer los diferentes departamentos de Colombia e interactuar con los lugareños, podemos concluir que sin buenas vías no hay desarrollo económico ni calidad de vida y que, por más leyes, decretos y peroratas de políticos, en especial aquellas que hablan de “dignidad”, no son garantía de nada ni otorgan una solución pronta y tangible a los problemas de pobreza que aún se perciben en el territorio nacional. De ahí el viejo adagio que dice: “el papel aguanta todo”.
Aunque la conectividad por vía terrestre es tan sólo uno de los problemas que nos aqueja como país, además de la inseguridad en los territorios, este es quizás uno de los más importantes y de los que necesitan atención prioritaria por parte del próximo gobierno, pues además de garantizar una movilidad eficiente a los pobladores de los diferentes departamentos, la construcción de carreteras permite adelantar, como dirían algunos académicos, el intercambio y la negociación de bienes y servicios con el fin de fortalecer las estructuras sociales en todos los niveles. El comercio es un elemento que impacta transversalmente el desarrollo de toda sociedad.
Pero ¿Cómo puede una carretera incidir e impactar positivamente en el desarrollo de una comunidad y/o de una familia campesina? Muy sencillo: la carretera es un medio a través del cual pueden llevar sus productos para la comercialización, además de facilitarle el transporte hacia los centros de salud, de educación, de esparcimiento, entre otros lugares, además de simplificar y facilitar su acceso a bienes y servicios. Esto último es un factor que los habitantes del departamento del Vichada y, por qué no decirlo, de toda la Orinoquía colombiana, necesitan fortalecer pues debido al pésimo estado de la Ruta Nacional 40 que nos lleva a esta parte del territorio colombiano en su último tramo de Puerto Gaitán – Meta a Puerto Carreño – Vichada, el costo de vida se ha incrementado en los últimos años, ya que los bienes y servicios escasean debido a la complejidad del transporte, especialmente en invierno, cuando dicho tramo de esta ruta nacional se convierte en un lodazal que le arrebata los ejes a tractomulas, camiones y buses y, por consiguiente, también le arrebata las oportunidades a los habitantes de este territorio.

Foto: Tomada de Trocheros Truck FB.
Aunque aquí las necesidades en el pasado no eran tan visibles debido al contrabando desde de Venezuela, como me lo dijeron nuestros vecinos en mi paso por el corregimiento de Casuarito, hoy en día por cuestiones del decadente régimen chavista, la escasez de productos en el vecino país se hizo evidente y es ahora cuando sus habitantes cruzan el imponente Rio Orinoco para abastecerse en territorio colombiano con productos sumamente costosos. Si no hay oportunidad para los colombianos, mucho menos para los venezolanos.
La Orinoquía, si bien es un territorio de difícil acceso, no lo es del todo por cuestiones naturales sino por la indolente mirada omisiva de gobiernos de marras, pues las inmensas llanuras incomunicadas y no controladas, siguen siendo utilizadas y explotadas por diferentes Grupos Armados Organizados – GAOS a través de las economías ilícitas del narcotráfico y la explotación ilícita de yacimientos mineros, que no solo causan deforestación y otros problemas ambientales, sino que altera con métodos violentos las dinámicas sociales de la región, especialmente las de los niños y jóvenes de etnias indígenas. La infraestructura es clave para lograr el control territorial por parte del Estado.
Parece, tristemente, que la nación colombiana no aprendió del todo la lección por lo ocurrido hace poco más de 100 años con la esclavitud que se vivió en dicha región, por causa de los intereses caucheros y que denunció, majestuosamente, José Eustacio Rivera a través de su afamada obra literaria “La Vorágine”.
Cuan diferente sería la suerte de los pobladores de la Orinoquía si, este basto y encantador territorio, tuviese una infraestructura decente y una presencia institucional amplia para que los burócratas de turno puedan sentir y entender sus necesidades, además de atender y brindarle oportunidades para mejorar su calidad de vida, empezando por gestionar la pavimentación de la carretera, que por cierto se ha convertido en una deuda histórica con esta región de Colombia por causa de las promesas incumplidas.
Nota bene: La palabra “dignidad” utilizada en los diferentes contextos por los supuestos “progresistas”, no es más que un eufemismo politiquero y barato para justificar su incompetencia, negligencia e incapacidad de ejecución. La verdad es que la dignidad solo llega con cemento, oportunidades y presencia institucional.
